domingo, 29 de mayo de 2011

Puno

A propósito del violento paro anti minero.

Puno es casi un  pedazo de Bolivia en el Perú. Quienquiera que visite una feria en Ilave o un mechado en Juliaca o Puno,  verá casi lo mismo en Oruro, en Potosí o en La Paz.

El suroeste de Puno es aimara: Es una forma de describir los hechos sociales si empleamos la entidad lingüística como rótulo étnico; y el rótulo étnico como delimitación geográfica. El hecho es que tres provincias aimaras de Puno se han alzando en un paro con francos ribetes insurreccionales plantando un programa económico opuesto al del Gobierno Central, que impulsa un proyecto económico basado en la optimización de capacidades de la economía extractiva. Los promotores de la protesta no quieren minería.

Los huelguistas quieren tres cosas:

Derogar el Decreto Supremo 083 – 2007 que permite concesiones mineras a una empresa extranjera en áreas de frontera con Bolivia.

Cancelar definitivamente las concesiones mineras de la zona sur

Declarar intangible el Apu Khapiya, pequeña montaña sagrada de la zona de Yunguyo.

Vistas las cosas con objetividad, estas exigencias no son  arbitrarias. El Apu Khapiya tiene fuentes de agua de las que vive buena parte de la población  circundante, y un proyecto minero puede poner en riesgo su equilibrio de recursos. Por otro lado, el Titicaca es una cuenca endorreica, y cualquier actividad que presione demasiado sobre su ecología, drenará tóxicos al lago, que no tiene salida; pues todo le balance hídrico del Titicaca se mantiene por evaporación. Finalmente, conceder áreas para explotación a empresas extranjeras en las áreas de frontera es un asunto regulado por las normas legales peruanas, en perspectiva de garantizar la integridad territorial del país.

El contra argumento es también válido: La minería provee en estos momento más de la mitad de lis impuestos a la renta que se recaudan en el país; la minería es una de las pocas actividades de alto impacto socioeconómico, que promueve el desarrollo descentralizado y volúmenes fuertes de inversión fuera de Lima; y luego, si no hay minería formal, en poco tiempo los informales extraerán y dañarán mucho mas y de modo más descontrolado el medio ambiente local.

Si están claros los argumentos y contra argumentos ¿por qué no fluyen el dialogo y el debate? el problema no es de razones, sino de inexistencia de condiciones de negociación: un ambiente pre electoral enrarecido; un gobierno de salida que no quiere comprometerse más, que ha mostrado absoluta inepcia en negociar políticas de desarrollo con la sociedad y que ha ejecutado un proyecto monotemático dirigido por un presidente también monotemático y poco inteligente (aunque muy hábil comunicador); y una sociedad que nunca se ha sentido parte integrante del proyecto nacional, y que ha vivido un poco en la formalidad, otro poco en la informalidad y otro poco más en la ilegalidad. Puno tiene la ciudad con el mayor desarrollo informal de economía es la ruta del mayor volumen de contrabando en el Perú.  Tras esto están algunas explicaciones de los hechos y las causas de que, en le fondo es un conflicto prolongado, que deberemos aprender a manejarlo por encima de las propuestas simplistas como aquella de “informar adecuadamente a la población”.


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