martes, 1 de febrero de 2011

Matsiguenga




Grupo étnico emplazado al norte de la ciudad del Cuzco, Aguas abajo del río Urubamba, en las selvas Alta y baja. Su territorio está en la provincia de la Convención. Los otros matsiguenga, llamados comúnmente nomtasiguenga, viven en San Martín de Pangoa, en Satipo.

Aunque los matsiguenga han logrado revertir la curva crítica de desaparición demográfica, ahora sufren otras dificultades que tienen relación con su mundo y sus perspectivas como pueblo. Nunca les hemos preguntado cómo quieren vivir su futuro, cómo administrar su territorialidad, qué piensan hacer con la zona de Camisea, donde se hallan los yacimientos gasíferos más importantes del país. Tal vez ellos mismo no sepan qué exactamente será de su futuro de corto plazo. De cualquier modo, el medio está variando, sea por el calentamiento global (que parece ser ya un hecho y no sólo una hipótesis científica), y por la actividad humana de la economía del gas.

Hace mucho, en un curso de geografía que dictaba mi buen amigo y maestro Jorge de Olarte, en el Cuzco, calculábamos la gradiente de temperatura como una función de altitud. En los Andes Centrales, por cada 100 metros de ascenso, la temperatura media anual baja en 0,6 grados. Recíprocamente, si ahora la temperatura subiera un grado en promedio por el calentamiento global, equivaldría a bajar 170 metros, y las especies animales y vegetales tratarán de migrar hacia arriba.

La migración que busca trabajo alrededor de la economía del gas también produce impactos sobre las poblaciones tradicionales.  Se están formando poblados grandes de tsoris a la vera de los ríos, los nuevos colonos presionan sobre los recursos, y los matsiguenga ya no pueden ser los pescadores y cazadores de hace tiempo.

La cadena de cambios ambientales tiene eslabones insospechados: La sísmica provocada por la prospección del subsuelo y por las obras de infraestructura, ha espantado a los grandes roedores, que son alimento preferente de los jaguares. Ahora estos grandes felinos rondan las granjas ganaderas y los poblados indefensos, buscando terneros, perros y otras presas. La sobrepesca, por su parte, pone en riesgo el equilibrio de vida en los ríos. En estas condiciones, los matsiguenga, como los jaguares, comienzan a rondar los pueblos y ciudades.

Ahora están en Quillabamba, la ciudad más grande del Valle del Urubamba, haciendo lo que pueden: de domésticos, de mozos de restaurantes, de obreros mal calificados. Elina Vargas está estudiando enfermería, y por lo que vi en sus cuadernos y sus tareas, creo que va a aprender muy poco para competir en el mercado laboral.

Entretanto, más de uno ha decidido incursionar como porteador de pasta básica de cocaína; pues las comunidades del Alto Urubamba están en la ruta del narcotráfico que va del río Apurímac-Ene al Urubamba. Dicen que pagan bien; dicen que el trabajo no es muy difícil.

Y, aunque demográficamente están garantizados, su lengua y su sabiduría ecológica morirán con los últimos renuentes a la migración; pues lo nuevos hablarán el castellano regional y comerán de lo que su trabajo mal pagado les provea en los pueblos y las ciudades. Sus hijos… ¿qué será de sus hijos?
Igual, por encargo del Ministerio de Trabajo iré a Quillabamba la próxima semana y veré a mis viejos amigos, los matsiguenga

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