jueves, 24 de febrero de 2011

Elecciones políticas en el Perú


Este blog de posteo intermitente se ha ocupado muy poco de temas coyunturales; pero estamos a cuarenta días de las elecciones presidenciales en el Perú, y el debate político, absolutamente banal en la mayoría de los temas, transita por acusaciones mutuas de uso de dinero del narcotráfico para las campañas y sobre la conveniencia o no de que los candidatos se corten el cabello para pasar pruebas toxicológicas, en la pretensión de hallar evidencia de uso de cocaína en algunos de ellos.

El narcotráfico es un problema complejo que afecta de manera directa a toda la sociedad peruana, y muy frontalmente a por lo menos diez grupos étnicos. El lector debe pensar en lo siguiente: la coca es un cultivo tropical, que crece por debajo de los 1500 metros de altitud, y los pueblos amazónicos ocupan franjas de montaña boscosa desde los 1200 metros hacia abajo. Hay, pues colindes entre los productores de coca y muchos de los pobladores tradicionales de los bosques. El uso descontrolado e ilegal de insumos químicos afecta también, y de manera brutal, los delicados equilibrios ecológicos de la amazonia peruana.
Estas cosas no se debaten.

En general, los partidos políticos que compiten por el electorado muestran una notable irresponsabilidad en sus discusiones. En lo que corresponde a este blog, quiero llamar la atención por una omisión evidente: la cuestión indígena.

La agenda indígena no existe para los políticos buscadores de votos. Ellos no la ven entre otras razones porque no reditúa. Los amahuaca son no más de 500 personas en cinco comunidades alejadas de Madre de Dios, Cuzco y Ucayali. De estos, tal vez veinte o treinta sean electores que se desplacen trabajosamente hasta la ciudad más cercana a su valle para marcar en una hoja de papel un cierto signo que sumará votos a uno de estos aspirantes a gobernante o legislador. Pero lo amahuaca son estadísticamente nada; pues nadie logra un cupo en el congreso buscando veinte votos en un país de cerca de 20 millones de electores (exactamente 19 millones 949 mil 915 ciudadanos). Los amahuaca seguirán viviendo entre los bosques degradados del río Serjali, como los sharanahua de la cuenca del Purús seguirán viendo atardeceres dorados en la floresta; pero futuros opacos en sus vidas, mientras ven cómo se destruyen sus bosques y sus ríos, alguna vez con ronsocos, alguna vez con peces.

Pero, inclusive en el cálculo de conveniencias, la cuestión indígena debe entrar en agenda política. Este gobierno que sale, soportó su crisis social más grave porque no manejó bien un conflicto sobre prioridad de recursos económicos con los awajun y los wampis del Alto Marañón; los problemas políticos y sociales del sur peruano, zona de políticos locales radicales adversos al ordenamiento jurídico nacional y con ambigüedades frente a la cuestión boliviana, con una economía impulsada por el contrabando, involucra a los aimaras circunlacustres del Titicaca. Las empresas mineras de altura comparten espacios con comunidades tradicionales quechuas; los yacimientos màs importantes de gas están en territorios matsiguengas, cqquintes y ashaninkas…

La cuestión indígena sí es importante en la agenda política nacional; pero nuestros aspirantes a políticos no la ven. Tal vez convenga recordar la vieja frase griega: Los dioses ciegan a quienes quieren perder, y yo debo hacer una invocación a una de esas diosas de la antigüedad helénica:

Némesis, Madre: ¿De quiénes te ocuparas este quinquenio?

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