lunes, 12 de enero de 2009

Etnocidios de todo tiempo II

En este punto se dan algunas pistas históricas para formular la hipótesis –peligrosa, en estas circunstancias de enfermizo anti hispanismo- de que durante la República peruana, el indio contó con menos protección y con más violento maltrato que durante la Colonia. Cuando la emancipación sanmartiniana, el indio dejó de ser sujeto de tutela; y se le reconocieron derechos ciudadanos; pero no tuvo cómo hacerlos valer. La anarquía subsiguiente hizo que llevara la peor parte de la distribucón del poder de la post guerra de independencia, Con los años, pequeñas insurrecciones y rebeliones locales de indios eran aplacadas con despiadada crueldad. Luego de la derrota en la guerra del Pacífico, el Estado peruano y los propietarios de tierras quisieron reconstruirse relanzando los tributos de indios. Tal fue la causa final de la insurrección de Atusparia y Ucchu Pedro contra el gobierno de Andrés A. Cáceres. Los crimines del aplacamiento de este acto desesperado del alcalde Atusparia son medianamente conocidos; pero no tanto el despiadado poder que las burocracias cuzqueñas del Mariscal Cáceres aplicaban no ´solo a sus adversos políticos, sino esencialmente a los indios.
No voy a referirme a la ley de conscripción vial de la época de Leguía, que obligaba la tarea impaga de abrir carreteras a los indios. Ese también es tema conocido y hasta hay un pequeño artículo de Arguedas Altamirano sobre la noción de muerte que tienen los indios, en el que describe la agonía de varios de ellos, naturales de las alturas de Puquio, presa de la terciana en Nazca.
Voy a referirme a algo más cercano: durante la Administración Fujimori.

En aquel cercano tiempo se llevó a cabo un programa de esterilización forzada de mujeres con el supuesto de que debían regularles la cantidad de hijos, y se decidieron cuotas por centro de salud. Los ejecutantes, jóvenes médicos que empezaban sus carreras, comenzaron a hacer méritos extraordinarios para lograr sus cuotas y no sólo engañaban a las mujeres y las ligaban inconsultamente; sino que lo hacían inclusive con jóvenes que no habían tenido hijos. Al caer Fujimori, el ministro de salud entrante, Luis Solari, ofreció una investigación sobre el punto, que nunca concluyó. Las voces de protesta de los párrocos y las pocas gentes que no tenían miedo de la dictadura cayeron en el olvido. Ahora, una curva notable de inflexión demográfica es característica en grandes espacios de la sierra y la selva peruana. Cito, por citar, la solitaria defensa del derecho reproductivo que inició el jesuita José María García García, en Ccatca, Cuzco. Los amigos de entonces, que trabajaban en el sector Salud, y que ahora vociferan alineados en nuevos partidos políticos, callaban cobardemente sobre esta cirugía etnicida.

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