martes, 8 de septiembre de 2009

Gas y politicas energéticas

Estos meses, el Perú ha sufrido un conjunto de entredichos políticos debido a que, al parecer, la cantidad de gas natural que se esperaba obtener de la selva del Cuzco no era la originalmente calculada, y se ponía en riesgo la demanda interna para honrar los compromisos de cuotas de venta a México. Se planteo, entonces, la necesidad de renegociar las cuotas de gras para explotación y para consumo interno

Los negociadores del ministro Pedro Sánchez hicieron las cosas adecuadamente. Más allá de cualquier discrepancia, tanto Sánchez como su equipo son de buena calidad técnica, y por otro lado, sería reprochable que un lingüista bloguero entre a desautorizar las complicadas negociaciones de venta internacional de hidrocarburos. Lo que pretende este post es informar de algunas implicaciones del affaire del gas en la vida y el destino de las comunidades nativas afincadas en el área de exploración y explotación de gas. Solo eso.

Ahora se descubre que las reservas reales de gas superan las cifras inicialmente calculadas; de manera que se vuelve a presentar el problema de redistribuir este recurso en el mercado interno. Los cuzqueños consideran que parte del gas debe conducirse a la demanda domestica y al desarrollo industrial de la propia región. Los políticos locales han hecho cuestión de estado de esta demanda, y al parecer, puede quedar satisfecha: lo racional es que, aunque sea algo más oneroso, es bueno que parte del gas cuzqueño se queme en la industria, el desarrollo de la infraestructura y en las necesidades domésticas y comerciales locales.

Con lo que se tiene de gas en el Bajo Urubamba, el comercio con México parece estar salvado; las demandas de Lima no corren riesgos, y los sureños (cuzqueños y arequipeños principalmente) tendrán gas barato y suficiente a mediano plazo.

Pero subsisten los problemas y se presentan otros nuevos: Optimizar la extracción de gas implica redefinir las relaciones políticas con las fuerzas regionales, atender las demandas de los ambientalistas y tener claros los derechos de los pueblos indígenas que ocupan esos territorios.

Para los no versados en detalles geográficos y en los entreveros empresariales que se juegan en la región, debemos recordar que hay tres grandes empresas que operan allí: Pluspetrol, emplazada en el lote 56, Camisea, en pleno proceso de producción; Repsol Burlington, que está haciendo prospección en el lote 57, hacia el norte, en territorios que pertenecen tanto a Junín como al Cuzco, y que tiene las mayores reservas. Petrobras opera actúa en el extenso lote 58, al norte del río Picha. Pluspetrol también está trabajando sobre el corredor de Fizcarrald, entre los departamentos del Cuzco y Madre de Dios, en el lote 88.

En el corredor de Fizcarrald están tanto los amahuaca de Serjali como los nanti de Montetoni, más varios grupos itinerantes a quienes se les da el peculiar marbete de no contactados. Este corredor tiene importantes características, como las de tener ríos de poco aforo, bosques bajos, y en general, recursos pobres para sociedades nómadas extractoras. Están allí por el precio de us libertad. Los llamados aislados voluntarios no eligieron ese destino. Lo ocuparon ante la presión de los caucheros y los comerciantes.

En el lote 88, Cashiriari y San Martín Oeste están en explotación; luego se avanzará a San Martin Este y a Fizcarrald, hacia una de las nacientes del Manu, y los ambientalistas protestarán.

¿Quién se preocupará de los nanti, de los kirinieri y de los amahuaca del Serjali?

miércoles, 26 de agosto de 2009

Eran felices; pero debían ser salvos.

Se llama Estela, es agrónoma, y la conocí ayer en un programa de desarrollo de economías sostenibles en Paccarectambo, al sur del Cuzco. Ahora trabaja con mujeres quechuas, pero hace algún tiempo fue contratada por una empresa extractora de hidrocarburos para un estudio del impacto del gasoducto surperuano en el Bajo Urubamba, y llegó a Tangoshiari.

Hablando de los asháninka, comentó que no hacemos esfuerzo por entenderles su sentido de vida, y los tratamos desde la unilateral medida de nuestros códigos. Contó que una vez le pidieron a un joven que les sirviera de guía y le ofrecieron, por un día de trabajo, un contrato de servicios equivalente al salario quincenal de un maestro rural. La agrónoma y su equipo querían hacerle el favor al joven amigo, y procuraron transar con él un arreglo económico favorable.

El muchacho respondió: “No, tengo que pasear”.

No es la única persona que advierte la tranquilidad con la que los habitantes de las comunidades asumen la vida que han elegido, y que nosotros la llamaos bárbara. El franciscano José Amich, un cronista del siglo XVIII, narra las peripecias de los misioneros, en más de un libro que se puede rastrear por internet. En uno de ellos describe el extraño esfuerzo de Manuel Biedma, que se llevó a un grupo de nomatsiguengas del valle del Sonomoro a las alturas de Andamarca para abrir un camino. Es difícil entender el hecho si no se conoce la geografía local. El Sonomoro está a 700 metros sobre el nivel del mar, tiene clima sub ecuatorial con una media anual de temperatura de 28 grados Celsius. La gente nunca usa mayor abrigo que una camiseta, y en las moches no es necesario usar cobertores para dormir. Ahora que lo pienso, en lengua nomatsiguenga creo que no hay una palabra que signifique hielo.

Andamarca, por su parte, a sólo dos jornadas de camino, está bajo las nieves de la cordillera, soporta frecuentes temperaturas bajo cero, y la gente nunca deja de usar ropa térmica, ni de día ni de noche. Era razonable estar confundido cuando se piensa qué impulsó a estas bunas gentes a dejar sus cálidos hogares para irse tras un franciscano para trabajar un camino de herradura capaz de permitir el paso de mulas y caballos. Sin embargo, no lo hicieron por conveniencia, sino por lealtad con el amigo; pues el camino nunca les iba a ser útil: ellos caminan a pie y jamás usaron bestias de carga y monta.

Dice Amich (Compendio histórico de los trabajos y fatigas...Cap. VI):

Maravillábase el venerable padre Biedma (que como he dicho, casi siempre iba con ellos a estas faenas) de la constancia y tolerancia de aquellos bárbaros, y viendo por experiencia los grandes trabajos que pasaban, decía entre sí “No es el menor milagro de la divina providencia el disponer que estos bárbaros no nos hagan pedazos con sus flechas, para volverse a gozar con quietud y sosiego del ocio y recreo de sus antiguas conveniencias, y dejarse de padecer tantos trabajos y enfermedades.”

Para volverse a gozar con quietud y sosiego del ocio y recreo de sus antiguas conveniencias, y dejarse de padecer tantos trabajos y enfermedades: Eran los hombres anteriores al pecado original, los que no conocían la gripe, los que no habían sido castigados por Dios a ganar el pan con el sudor de su frente y comer con dolor.

Eran felices; pero debían ser salvos.

Tal vez el problema sea que los queremos obligar a transitar por el camino de nuestra búsqueda de felicidad, no la de ellos.


martes, 25 de agosto de 2009

Tangoshiari II

Montañés es el Nick de alguien que llego a este blog luego de haber visto un documental del trabajo de los misioneros dominicos en el río Urubamba. No soy dominico, ni mi tarea es la pastoral. Soy especializado en etnolingüística y publico estas notas para alertar a las personas sobre las lenguas minoritarias del Perú y sus inciertos futuros. Los dominicos son mis amigos.

Montañés alude en su comentario al caso de Tangoshiari

El 19 septiembre de 1990, el franciscano Mariano Gagnon y el dominico Adolfo Torralba decidieron apoyar la evasión de toda la comunidad Tyzibokiroato, en Cutivireni, hacia las cabeceras de un río subsidiario del Picha, en el Bajo Urubamba. Movieron el aparato logístico de la Comisión Episcopal de Acción Social (CEAS) y los pequeños aviones de Alas de Esperanza.

Yuri Cahuata había sido encomendado por CEAS para apoyar a los asháninka que resistían a Sendero Luminoso, y en uno yo ir y caminar apoyando a Gagnon, se halló con un muchacho que tenía una herida supurada en la pierna. Había caído de un árbol en el cual trataba de refugiarse de un ataque de Sendero; pero pudo arrastrarse hasta un punto en el que pasó inadvertido, aunque con una fractura abierta de la tibia. Se mantuvo en silencio por algunos días, hasta que, lentamente, volvió hacia su casa quemada que la comunidad trataba de reconstruir. Pasaron los días, y Cahuata pidió una avioneta para llevarse muchacho a Lima y curarlo.

Yuri Cahuata habla quechua, no asháninka, y tuvo que acompañar al herido las horas que dura un vuelo de 300 kilómetros en una Cessna monomotor. Se aprendió cuatro frases: ¿Te duele? ¿Quieres comer? ¿Quieres beber? ¿Quieres cacar?, y esperar la respuesta: jee

En Lima los hospitales no quisieron recibir al herido, por temor el de infectarse con patógenos desconocidos. El herido olía mal a descomposición, casi a cadáver, y durante dos días tuvieron que desinfectarlo en algún local de CEAS, mientras se caminaba por ese bosque desalmado que es Lima, hasta hallar finalmente una clínica privada que, exigiendo excesivas condiciones, se animó a intervenirlo. El trabajo fue complicado y duro mucho tiempo, mientras el muchacho, que había aprendido a valorar el silencio como el precio de su vida, comenzó a aprender algunas palabras en español y las enfermeras pudieron finalmente atenderlo en sus necesidades básicas.

Se salvó. Ahora es un adulto que camina rengueando; pero puede trabajar su chacra y tiene mujer e hijos. De él hemos aprendido que el silencio es tan valioso como hablar, cuando de sobrevivir se trata. Si alguien le pregunta sobre aquello, responde muy al estilo asháninka, del hombre que debe decir lo preciso: Dolía mucho”

Una foto de alas de Esperanza, con mi hija esperando acompañarme al Bajo Urubamba para trabajar con maestros matsiguengas. Mi mujer preparaba en esos momento las mochilas, detrás de la Cessna.

miércoles, 1 de julio de 2009

Carta a un indígena universitario sobre su situación actual

He vuelto a las viejas selvas del Urubamba por motivos laborales; al no poder llegar al río Picha, me entretuve buscando informacion aleatoria sobre el río y la gente. Y me tropecé con una carta de Ricardo Alvarez Lobo a uno de sus alumnos. Tengo poco que decir; la dejo entera a lectura:

Carta a un indígena universitario sobre su situación actual
Ricardo Álvarez Lobo O.P.

Te escribo con el fin de darte a conocer cuál es tu situación actual.

Debes explorar conmigo quién eres hoy, no guiarte sólo por lo que otros te digan. Tu descúbrete a ti mismo. Yo mismo te diré quién eres en tu situación actual. Has recibido una buena formación en tu niñez. Has terminado los estudios secundarios y se te ha ofrecido una oportunidad para seguir nuevos estudios con el fin de apoyar a tu comunidad. La misión con la comunidad decidieron que un grupo de 18 miembros de la comunidad salieran a Pucallpa a estudiar magisterio en el Instituto Lingüístico de Yarinacocha ¿Recuerdas? Cinco vuelos de avioneta. El presidente de la región daba becas de estudio a los estudiantes de Sepahua. Pero no les han admitido en el Instituto porque eran católicos. ¡Qué fracaso! No pensabas que la religión llegaba a marginarte. Increíble, pero era cierto.

Se buscó otra alternativa, ir al Instituto Superior de Pucallpa. Fuiste. Pero había la orden del Director departamental de que los nativos tenían que ir a Yarinacocha. Total que ni en Yarinacocha ni en Pucallpa los admitieron. Tu mismo has visto la marginación. Así fue. Se determinó entonces regresar a Sepahua. Fracaso, por ser católicos no pueden estudiar. Fuiste agraciado con una beca para estudiar en Lima en la Universidad de San Martín. Ingresaste. Bien estabas. Un día el profesor pidió a los alumnos identificarse. Tu dijiste: Soy de Ucayali. Se oyó una voz atrás que dijo “Narco”. Te insultaron públicamente. Nueva marginación. Otro profesor que pidió tu identificación le dijiste que eras de Ucayali. Otro dijo en voz alta: “Terruco”. Más marginación. Pero son juicios que duelen, pues a nadie gusta que le tachen de narco ni de terruco. Ahí tienes razón. Pero, a pesar de que se dice que en Lima no hay marginación y racismo, los hay.

Has estudiado en un ambiente hostil. Has demostrado tener fuerza de voluntad para superarte. Has hecho algún diploma en otras universidades y en otros centros superiores, has asistido a conferencias, talleres, seminarios sobre temas de selva. Y has podido constatar que no se conoce bien a la selva y que existe gran marginación. De todas las formas ahora estás siguiendo estudios. Ves que los temas son interesantes y que te pueden servir de mucho. Constatas que las clases son alturadas y que hay gran respeto al otro. Con fuerza de voluntad puedes llegar hasta el final.

sábado, 6 de junio de 2009

Bagua

Hemos reaccionado a destiempo. Entregados a la tarea de comprender razonablemente las implicaciones legales y económicas de los decretos legislativos puestos en cuestión por la AIDESEP, no nos hemos dado tiempo para advertir que el nivel de conflicto se acumulaba, para dar lugar a la irresponsable acción de emplear cerca de 700 policías y un número indeterminado de refuerzos del ejército, para desalojar a cerca de cuatro mil indígenas y pobladores de Bagua de la carretera que habían obstruido desde hacía algunas semanas.

El día anterior el premier Yehude Simon se había reunido con Alberto Pizango, líder de la AIDESEP, federación indígena amazónica que se alzó en huelga nacional contra un conjunto de medidas jurídicas del gobierno que afectan, efectivamente el ordenamiento constitucional del país. Todo indicaba que las soluciones o las treguas podían ya iniciarse. Sin embargo, la intervención policial-militar del gobierno demuestra el clásico proceder de manejar dobles discursos y dobles ejecuciones. Es la famosa escopeta de dos cañones: ganar tiempo en la negociación política con la dirigencia y enviar un contingente armado para presionar a las bases. Es obvio que la operación, por su tamaño y envergadura, no se hizo en pocos días, ni se resolvió como consecuencia de los pre acuerdos del día anterior.

Por lo mismo, en la balanza del cálculo de malicias, no es el proceder de Pizango, sino el del Gobierno el que merece mayor atención. Pero hay otros detalles a considerar: técnicamente, una empresa militar policial que produce más de un centenar de heridos (el hospital de Bagua colapsó por atenderlos) y acaso cuarenta muertos entre policías y pobladores, es una operación errada, y merece desaprobación tanto política, como técnica.

El otro punto es político. Algunos descerebrados como el congresista Mulder han decidido enfilar sus baterías contra Alberto Pizango resolviendo la compleja trama de las cosas en una acusación personal a un soliviantador de los ánimos de los indios. Argumento similar se empleó oportunamente contra líderes de distintos procesos sociales, sindicales y políticos, incluido el de Juan Santo Atahuallpa.

Un tercer punto es de mayor alcance. Debemos pensar que hay razones que ameritan una intención criminal en el sanguinario allanamiento de la huelga indígena, y que deberemos confiar en largos procesos judiciales por genocidio que puedan llevar a algunos de éstos irresponsables a los mismos banquillos en los que la sociedad de derecho logró sentar al señor Fujimori.

Un cuarto punto es qué hacer hoy: Debemos buscar mediadores (¿Gastón Garatea?). Los decretos en cuestión deben suspenderse por un periodo prudencial. Mientras se pronuncia el Tribunal de Garantías Constitucionales y otros entes rectores. La modernización del país (si así quiere llamársele al programa político detrás de estos hechos) no puede abonarse con sangre.

lunes, 27 de abril de 2009

Tangoshiari


Tangoshiari es una comunidad asháninka ubicada en pleno corazón del Bajo Urubamba. Está en las cabeceras de uno de los afluentes del rio Picha. Cuando Guillermo Queirolo me envió a capacitar a sus maestros, advertí que los cartelones de matemática del aula estaban escritos de manera inadecuada para una escuela que yo la suponía matsiguenga. Al pretender corregirlos me enteré de que eran asháninkas de Cutivireni, llegados allí como refugiados de la violencia senderista desatada en la cuenca del río Ene. Los dominicos del Urubamba y los franciscanos de Satipo habían organizado un puente aéreo que se llevó a toda una comunidad a encontrar una vida más pacífica al otro lado de las montañas, donde el crimen ideológico, por suerte, no había logrado prosperar.

Aquella historia no está completamente escrita. Yuri Cahuata, que trabajaba para la Comisión Episcopal de Acción Social, tiene los recuerdos; pero no sé si alguna vez los ponga en papel. Joaquín Ferrer, el franciscano de Mazamari, está preocupado por otras urgencias en su parroquia, y Adolfo Torralba, el dominico que organizó todo esto, ya no está: su camioneta resbaló en un mal paso de las carreteras de Quillabamba y se nos fue. ¿Qué estará haciendo Guillermo Queirolo?

En la página Web del Centro Pío Aza, sólo un párrafo alude a todo este notable esfuerzo:

Tangoshiari comunidad asháninka proveniente del río Ene y trasladada a la zona en 1992 por motivos de la violencia terrorista, traslado efectuado en una de las gestas de aviación más heroicas de la historia del Vicariato (de Puerto Maldonado).

Aquel día de trabajo con la maestra de la escuela, Adolfo Torralba estaba conmigo, contándome partes del gran trasvase de la comunidad. Saludó a un anciano pacífico y me dijo que fue uno de los guerreros que sostuvo la retaguardia. Saludo luego a una muy joven madre de familia, con un recién nacido en los brazos. Comentó que aquel día ella era una de las más pequeñas, frágiles y asustadizas, que hubo que cargarla, casi arrojarla al avión que tenía poco tiempo para decolar.

En el grupo comunal había niños y adolescentes. Lacomunidad había logrado sobreviri a al insanía senderista. Una señora nos alcanzó masato.

“Kametsa, piarentsi”, agradecí al modo asháninka. Si en matsiguenga, hubiera tenido que decir “kametikya, owirókiri”.

Bebí del cuenco de la calabaza y fui feliz al ver un retazo de vida arrancado a la muerte. Allí deben estar ahora, descansando ya por la tarde, esperando el asado de yuca y pescado, cuando el sol periclita por sobre las montañas detrás de las cuales está el mundo que dejaron hace casi veinte años.

La escuela tiene treinta niños.

sábado, 25 de abril de 2009

Amahuaca


Las crónicas franciscanas y otras fuentes que van desde el siglo XVI hasta el XIX, dan por territorio amahuaca al polígono marcado en le mapa adjunto. Eran objeto de persecución y captura por pare de yines, shipibos y cónibos para darles trato de esclavos domésticos. Luego del gran hiato de información alrededor de la época del caucho, la moderna etnográfica ubica a los amahuaca en algunos puntos del noreste de Puerto Maldonado, otros al sur del Purús y un tercer núcleo en Santa Rosa de Serjali, exactamente en el istmo de Fitzcarraldo.

Al parecer, en el siglo XX los amahuaca tuvieron que ir huyendo y acomodando sus vidas en las cabeceras de los tributarios de los grandes ríos del Sur Amazónico peruano. Se hicieron no contactados, en aislamiento voluntario, como gustan llamarlos algunos científicos y activistas sociales, hasta que lograron establecer algunas colonias comunales en las que ahora hacen agricultura, extracción, caza, pesca, y tienen escuelas.

El pueblo de Sepahua fue fundado por los dominicos a mediados del siglo XX, como refugio de redimidos. Redimido significa exactamente que se compró la libertad de una persona pagándole al propietario una suma de dinero. Fue un puerto de buen llegar para algunos amahuacas, como otros yines, machiguengas y caquintes que vivían esclavizados por los vendedores de mano de obra a los colonos y comerciantes que operaban en el Bajo Urubamba. Muchos de los descendientes de los amahuaca de entonces ahora viven integrados a esos pueblos ribereños, aunque han dejado su lengua, su tradición ancestral y sus relaciones de economía extractiva con su medio.
El núcleo tradicional de amahuacas, sin embargo, puede hallarse en siete comunidades:
Shiringayoc en el distrito de Inambari, y Boca Pariamanu, en el distrito de Las Piedras, en la provincia de Tambopata, departamento de Madre de Dios
Nuevo San Martín, en el distrito de Raimondi, Sepahua y en el distrito de Sepahua, Santa Rosa en el distrito de Yurúa, y Laureano, en el distrito de Purús, todas estas en la provincia de Atalaya, departamento de Ucayali.
Santa Rosa de Serjali, en el distrito de Echarate, provincia de La Convención, departamento del Cuzco.

En total, menos de 300 personas, aunque deben sumarse algunos itinerantes en los corredores o varaderos que unen las cuencas del Yurúa, el Purús el Urubamba y el Madre de Dios. Este es un detalle de geografía de las migraciones del que nos ocuparemos después

viernes, 24 de abril de 2009

Hilaria Supa II

Un tema adicional que debe ser comentado a raíz de la cacografía de Aldo Mariátegui en el editorial del diario “Correo” de Lima son los méritos de Hilaria Supa para estar donde está. En el Perú hay cerca de cinco millones de personales con sus características lingüistas, caracterizado por su poco dominio de lecto-escrito español (Martha. Hildebrandt dixit) y su empleo de quechua como lengua preferente de comunicación (conclusión de la afirmación de la propia doctora Hildebrandt, a menos que se postule que la señora Supa tenga disfunciones de habla).

Esos cinco millones, cerca del 20% de la población nacional, están representados por una de 120 personas del Congreso de la República. Este es un hecho simplemente estadístico que se pone sobre el tapete de la mesa. Más importante es recordar que doña Hilaria tiene el mérito de haber aprendido a leer y escribir con los programas de alfabetización que desarrolló el Centro Andino de Desarrollo y Educación Popular (CADEP) en Anta. Yo estuve trabajando con ellos, y en esta singular circunstancia debo recordar el esfuerzo personal de Edilberto Portugal, y Wilbert Rozas y otros, que promovían la alfabetización de adultos indígenas del Cuzco.

Si ese es su mérito, digamos escolar, más importante fue su lucha como dirigente indígena cuando se opuso a las campañas de esterilización masiva que se programaron durante la gestión de Alberto Fujimori, etnocidio planificado que no ha sido visto por las cortes penales del país y el mundo. Por ahí la candidatearon al Nobel de la Paz, aunque sin éxito (En la desigual lucha por defender los derechos reproductivos y de supervivencia biológica de los pueblos indígenas debo recordar a José María García, jesuita que se opuso con mucho esfuerzo a la criminal acción del estado de entonces).

Sus opiniones en las comisiones especializadas del Congreso, particularmente las que debaten cuestiones de pueblos indígenas, familia, política social y niñez, por lo que se ve en las actas, son razonables y fundadas en la experiencia más que en la lectura de manuales universitarios. Entonces, si prueba esfuerzo personal, carencia de dolo, seriedad en sus trabajos de comisiones y antecedentes importantes como actriz social, no hay mayor motivo para insultarla ni para hacer escarnio de su déficit de lecto escrito en castellano.

jueves, 23 de abril de 2009

Hilaria Supa

Un diario local ha expuesto los errores de ortografía y sintaxis de los apuntes personales de Hilaria Supa, congresista de la República, cuando seguía la exposición del Premier Yehude Simon. A eso le acompaña una Columna del Director, francamente procaz y paquidérmica sobre tales incorrecciones de escritura.

En el momento de escribirse este post, el congreso está votando un comunicado de adhesión a Supa. Dejando de lado el comunicado, debe quedar establecido que Hilaria Supa es congresista por decisión de un grupo de personas que así lo han creído conveniente. Tiene todos los requisitos para ser congresista, y es el resultado del ordenamiento legal peruano para estos fines.

Si juzgamos con cuidado, la gestión de Supa no ha sido tan mala como la sugiere el periodista catacarmático (como decían los griegos; pues el tal cacógrafo parece tener afición por los helenismos). Ha ayudado a afinar legislaciones sobre temas indígenas, ha intervenido razonablemente en aspectos de atención a menores de edad en zonas rurales, y en otros temas similares.

Subsisten, sin embargo, problemas mayores que se hacen evidentes para cualquier lector de la columna aludida: asumir como equivalentes el correcto manejo del código lectoescrito y la cultura; creer que el estándar sociocultural de uno es el deseable para toda la sociedad; descalificar a la persona, en razón de cualquier motivo, para desautorizar su posicionamiento político, etcétera. Esto último va a que el columnista alude a Evo Morales y a los graves problemas que afronta el irresponsable Fernando Lugo, de Paraguay.

Salvando mi alma: no voté por Supa. No soy humalista (lo que no me impide ser amigo leal de Edmundo Murrugarra). No hago defensa personal de la señora Supa. Doy opinión sobre lo que acaba de ocurrir en este medio un poco violento de la política, y la cobarde referencia de un plumífero pedante a una persona que tiene dificultades con la escritura.

Aunque, reconsiderando las cosas, tal vez los apuntes de doña Hilaria tengan proximidad con los de Felipe Guaman Poma de Ayala, Juan Santa Cruz Pachacuti, el Anónimo de Yucay, o el expediente de Tito Cusi Yupanqui… es decir, documenta histórica, algo más valiosa que la cacografía que comentamos.

viernes, 17 de abril de 2009

Nanti

Nanti significa “yo soy”, o simplemente “yo”. Este es un nombre que les puso alguna persona que les preguntó sobre su identidad; pues ciertamente, la expresión matsiguenga kogapakori, con la que también se les conoce, tiene connotaciones despectivas; pues significa algo así como libre e inculto, como un animal no domesticado, y por lo mismo, posiblemente agresivo. En algunos diccionarios se puede hallar esta acepción: gente brava que vive en las cabeceras de los ríos.
El reconocimiento de este pueblo es antiguo. En las páginas 101 y 105 del segundo tomo de la crónica de Marcoy se ven algunos dibujos arbitrarios de esta gente, de la cual que el francés supo de oídas. Revise el lector este link:

http://books.google.com.pe/books?id=MTphUnozh4sC&printsec=frontcover&source=gbs_book_other_versions_r&cad=1_1#PPA101,M1.

Desfavorecidos por sus propios hermanos (pues los nanti son una sub rama de los matsiguenga), se internaron en las partes latas de los valles y tuvieron contactos esporádicos con los de las playas bajas. Al cabo, su variedad lingüística comenzó a marcar algunas diferencias que se distinguen claramente del matsiguenga del bajo y el alto Urubamba. Fueron reencontrados recientemente, en los años setenta, cuando el dominico Adolfo Torralba se aventuró a buscarlos. Con el tiempo, habiendo soportado varias dificultades creadas en muchos casos por los profesores matsiguengas que fueron enviados a las escuelas, se organizaron en tres comunidades: Montenoni y Malanksiari en el Alto Camisea, y Kimaroari en el Medio Timpía. Algunos más en el Alto KJashiriari y en el alto Timpía suman algo más de 200.

Tienen tres escuelas. El ILV publicó hace algún tiempo manuales de lectura y cuadernos de escritura (activity books). No se sabe más. En le Bajo Camisea está la planta de extracción de gas natural, que ha comenzado a llegar a Lima y nos permite mover nuestros automóviles a precio relativamente bajo. De los nanti los surtidores de gas natural no saben nada, y algunas personas del Bajo Urubamba no quieren saber nada.

Esta fotografía la he obtenido de http://www.survival-international.org/news/2494

martes, 10 de marzo de 2009

Las otras lenguas del Cuzco

Hace dos años hice un censo lingüístico en el Cuzco, por encargo de UNICEF. En este tiempo, he estado afinando la información y me ratifico en los datos estadísticos sobre las lenguas amazónicas del Cuzco, independientemente de si “nanti” es o no una variedad de Mastsiguenga, o “kakinte”, de asháninka. La información fue obtenida cruzando datos del censo del 93, proyectando una hipótesis media sobre continuidad de uso de lengua (de los nacidos del 93 para adelante, sólo la mitad mantiene y transfieren lengua) y estableciendo consistencias con los datos de COMARU (Consejo Matsiguenga del Río Urubamba). Un artículo con esos datos acaba de ser publicado en el número 5 / año 2008 de la Revista Universos, de la Universidad de Alicante.

sábado, 7 de marzo de 2009

El problema de la identidad cultural

Cuando se quiere que se sea lo que se quiere.

Desde su definición lógica, una identidad requiere dos elementos: un sujeto y un atributo. Se dice que una variable es idéntica a sí misma cuando al intercambiarse la función de sujeto y atributo, la relación entre ambos elemento n o varía. De manera formal si aRb = bRa; entonces a Ξ b. Así, pues, para formular una identidad, requerimos un algo que sea idéntico a algo.

Sin embargo, en el medio que se ocupa de los temas de pueblos indígenas, es frecuente escuchar afirmaciones como “están perdiendo su identidad”. “no tienen identidad”, dejando establecido que e trata de personas que abandonan de manera censurable sus filiaciones culturales y se transculturalizan. Estas expresiones son muy frecuentes, y equivalen a afirmaciones del tipo “este indígena está dejando de ser indígena” (lo cual puede ser la descripción de un proceso) o “este indígena no es un indígena” (lo que es una contradicción de la más vulgar, que no la aceptarían creo, ni los llamados dialécticos más ortodoxos).

Quiero llamar la atención sobre el trasfondo de estas incoherencias lógicas. Lo primero que se advierte es que tales afirmaciones no las hacen los concernidos, sino los promotores de desarrollo, los planificadores de educación bilingüe, los antropólogos que se meten de salvadores, los externos a la vida comunal, los que hablan de lo indígena en tercera persona. El proceso de base que da lugar a las tales incoherencias se puede expresar del siguiente modo: Esta persona a la que trato como indígena no se corresponde con el stock de atributos que considero que debe tener un indígena”. En sencillo, estos salvadores externos tienen una idea de lo indígena, y creen que toda persona que hable una lengua nativa o vista de manera tradicional, debe tener las características del “ser indígena” según, ciertamente, el emisor de tal disparate.

Tal vez por eso, la cuestión de la identidad no es un problema para la persona, sino para el observador, que preferiría que los muchachos del Purús canten ícaros y no las canciones de Juaneco y su Combo. Por cierto, el observador se pone en esta caso en la posicion de juez cultural.

Les dejo sendas fotografías de dos profesoras rurales, una de Mazamari y otra del Apurimac-Ene. Una decidió tejer su manchaki; la otra, compró su blusa del mercado dominical ¿Debo decir por eso algo a favor de una y en detrimento de la otra?



lunes, 23 de febrero de 2009

UNESCO Interactive Atlas of the World's Languages in Danger

No conozco el Atlas, sino sólo la parte expuesta en la edición interactiva, http://www.unesco.org/culture/ich/index.php?pg=00206

La edición física de las precedentes (1997, 2001) está en venta; pero UNESCO ofrece publicar “en breve” la de este año. Por lo mismo, se hacen comentarios sobre lo que está al alcance de la mano en la net. En el caso del Perú, deben considerarse estos aspectos:

1. En la lista de 62 lenguas existentes, el quechua se presenta en quince variedades dialectales, con una repetición: quechua yauyino, quechua de Yauyos. Hay también algunas imprecisiones de dialectología. El quechua del norte de Junín, ¿se refiere a las variedades de Jauja y Tarma?

2. Aparecen cinco lenguas extintas, y se presentan fenómenos históricos diferentes en el mismo cuadro; pues como se sabe, el llamado cholón pudo haberse extinguido hacia 1970 (preguntarle a la lingüista Latorre, de San Marcos); pero, el mochica, mucho antes (ver el libro de Rodolfo Cerrón sobre el tema); sobre el pano o wariapano, ciertamente, el último hablante murió en 1991. Ver más abajo.

3. Lo que se dice sobre el no siempre decisivo papel extintor de las lenguas coloniales mayoritarias no queda claro. El hecho es que una lengua se extingue en dos casos: cuando mueren todos los hablantes de un núcleo pequeño o cuando los hablantes de un núcleo grande o pequeño cambian de lengua, y los procesos sociales que dan lugar a uno u otro resultado, son diferentes.

4. En general, conviene distinguir el destino del quechua de Pacaraos o Incahuasi del que le pueda corresponder a los dialectos de alto peso demográfico. Si se considera el quechua como macro grupo, o se toman en análisis los comportamientos sociolingüísticos de los quechuas mayoritarios, no hay, en general motivo de excesiva alarma. El quechua sureño (ayacuchano, cuzqueño puneño) pierde población relativa; pero no absoluta, según los últimos censos modernos del Perú, y tal vez su destino sea una tercera forma de extinción: en cosa de 300 ó 400 años, puede fundirse con el español y algo de inglés (y acaso de chino) para dar lugar a una nueva lengua. Sin embargo, es un hecho que algunas variedades de quechua están en crisis.

5. La edición interactiva también tiene algunas contradicciones que deberán ser explicadas: el quechua de Yauyos aparece con lengua en situación crítica, pero con cero hablantes. ¿Por qué no la consideran extinta? La lengua Iñapari aparece en un rango demográfico de 600 (máximo) y 4 (mínimo). Eso es poco riguroso. Sin embargo, puedo casi afirmar que son cuatro o tres los hablantes de iñapari. Lo documentaremos oportunamente

Sharanahua


Grupo etnolingüístico de la familia pano. Las estadísticas le reconocen no más de 500 personas, distribuidos en seis comunidades, ubicadas en el Alto Purús. En el Brasil se hallan varias otras comunidades, y al parecer, también hay algunos en Bolivia.

En lenguas pano, la palabra shara significa a una abeja pequeña que produce miel en unos saquillos, entre los árboles. Todos saben de la importancia de la miel en las culturas amazónicas; de modo que no diré nada sobre ella ahora. El sufijo “nawa”, usual también en estos pueblos, significa “extranjero”. Sharanahua, por consiguiente, significa “El pueblo de las anejas que no es nuestro”. Así se rotulan los etnónimos del Alto Ucayali.

Los shranahua de hoy se reducen a seis comunidades cuyos destinos dependen de lo que puedan hacer los extractores de madera en el Purús. Si se talan los bosques, habrá menos agua, menos pesca, menos caracoles para comer, menos fronda para cobijarse y hacer parir a sus mujeres. Los extractores de madera tanto del Purús como del Yurúa, no sólo son dueños de los bosques, sino también de los pueblos. Los más exitosos de ellos tienen el monopolio de los pasajes aéreos, a Puerto Esperanza, y de la venta de alimentos en las bodegas del pueblo. Hay algunas escuelas que no funcionan; pues están tan alejadas, que nunca se supo qué ocurre realmente por allí; pues en estos últimos tres años, los funcionarios educativos de Pucallpa (la sede regional) hicieron una sola visita al Purús

¿Qué será de ellos ahora? ¿Qué estarán haciendo los alumnos, y los maestros, ninguno de los cuales es sharanahua? ¿Cómo estarán las escuelas bilingües? ¿Seguirán buscando recónditamente su felicidad en las fiestas comunales de cacería, como relataba Adolfo Torralba? Ahora que el propio Adolfo, su párroco amigo, ha muerto, ¿Qué será de ellos? Tal vez sigan siendo para muchos lo que siempre han sido: un simple dato demolingüístico.

No tengo fotos. Pongo aquí la carátula del libro de Adolfo Torralba.

Un nuevoi blog

MI hija María acaba de iniciarse en el mundo de los blogueros. Su blog es El libro de Cristital, su URL es http://ellibrodecristital.blogspot.com/. Visítenlo. Cuenta la historia de su mascota y de su vida deportiva

viernes, 23 de enero de 2009

Etnocidios de todo tiempo III

En alguna oportunidad, entre 1930 y 1940, tres matsiguengas empujaban trabajosamente sus canoas contra los rápidos del río Urubamba, en Sahuayaco, para vender un poco de cacao a cualquier persona que se lo quisiese comprar. Sahuayaco era una extensa propiedad perteneciente a un dueño salvaje y malvado, que tenía inclusive pequeñas mazmorras en la planta baja de la casa hacienda, para aplacar los intentos de fuga de algunos de sus peones que eran, sin duda alguna, sus esclavos. El propietario fue advertido de la presencia de los matsiguengas por alguno de sus peones y los hizo detener. Luego de quitarles el cacao, y flagelarlos, por haber usado “su río” para vender el cacao que se había producido en “sus tierras”, el malvado propietario los hizo desnudar y azotar con una ortiga arbustiva silvestre llamada en quechua “angel tawna”. Luego, hizo voltear la canoa para cubrir con ella a los infelices que ya habían perdido el conocimiento por el castigo con la ortiga, y los sahumó por mucho tiempo con los acres gases del ají que se achicharra. Los propios operadores de este miserable atizaban el fuego mientras tosían y se apartaban de la pequeña fogata que producía el humo. Los auxiliares del torturador eran sus peones-esclavos, que hacían todo eso con una extraña excitación y con un considerable temor de que alguno de ellos podía pasar luego a la cámara de tortura.

Esta historia la saben algunos ancianos que todavía viven en Quillabamba y en los pequeños pueblos cercanos a Sahuayaco. Yo sé de los nombres de los informantes y del criminal que torturó hombres y les quitó sus mercancías sólo porque no se la habían vendido a él. No doy su nombre ahora para no recuperar a la memora del día las infamias de siempre; pero quiero hacer constar que todo eso se hizo en un tiempo en el que el estado derecho operaba bajo el nombre de República del Perú, y se tenía un gobierno constituido en elecciones. No eran españoles torturadores de indios; eran propietarios depravados de los que un viajero inglés dijo que formaban parte de una civilización sin policía que era peor que la barbarie cuya extirpación era la justificación de sus crueldades y de su forma de hacer sus fortunas.

lunes, 12 de enero de 2009

Etnocidios de todo tiempo II

En este punto se dan algunas pistas históricas para formular la hipótesis –peligrosa, en estas circunstancias de enfermizo anti hispanismo- de que durante la República peruana, el indio contó con menos protección y con más violento maltrato que durante la Colonia. Cuando la emancipación sanmartiniana, el indio dejó de ser sujeto de tutela; y se le reconocieron derechos ciudadanos; pero no tuvo cómo hacerlos valer. La anarquía subsiguiente hizo que llevara la peor parte de la distribucón del poder de la post guerra de independencia, Con los años, pequeñas insurrecciones y rebeliones locales de indios eran aplacadas con despiadada crueldad. Luego de la derrota en la guerra del Pacífico, el Estado peruano y los propietarios de tierras quisieron reconstruirse relanzando los tributos de indios. Tal fue la causa final de la insurrección de Atusparia y Ucchu Pedro contra el gobierno de Andrés A. Cáceres. Los crimines del aplacamiento de este acto desesperado del alcalde Atusparia son medianamente conocidos; pero no tanto el despiadado poder que las burocracias cuzqueñas del Mariscal Cáceres aplicaban no ´solo a sus adversos políticos, sino esencialmente a los indios.
No voy a referirme a la ley de conscripción vial de la época de Leguía, que obligaba la tarea impaga de abrir carreteras a los indios. Ese también es tema conocido y hasta hay un pequeño artículo de Arguedas Altamirano sobre la noción de muerte que tienen los indios, en el que describe la agonía de varios de ellos, naturales de las alturas de Puquio, presa de la terciana en Nazca.
Voy a referirme a algo más cercano: durante la Administración Fujimori.

En aquel cercano tiempo se llevó a cabo un programa de esterilización forzada de mujeres con el supuesto de que debían regularles la cantidad de hijos, y se decidieron cuotas por centro de salud. Los ejecutantes, jóvenes médicos que empezaban sus carreras, comenzaron a hacer méritos extraordinarios para lograr sus cuotas y no sólo engañaban a las mujeres y las ligaban inconsultamente; sino que lo hacían inclusive con jóvenes que no habían tenido hijos. Al caer Fujimori, el ministro de salud entrante, Luis Solari, ofreció una investigación sobre el punto, que nunca concluyó. Las voces de protesta de los párrocos y las pocas gentes que no tenían miedo de la dictadura cayeron en el olvido. Ahora, una curva notable de inflexión demográfica es característica en grandes espacios de la sierra y la selva peruana. Cito, por citar, la solitaria defensa del derecho reproductivo que inició el jesuita José María García García, en Ccatca, Cuzco. Los amigos de entonces, que trabajaban en el sector Salud, y que ahora vociferan alineados en nuevos partidos políticos, callaban cobardemente sobre esta cirugía etnicida.