martes, 23 de diciembre de 2008

Etnocidios de todo tiempo

En ciertos grupos de opinión peruanos se ha hecho costumbre echarles la culpa de todos los males nacionales a las huestes de Francisco Pizarro y a la burocracia colonial subsiguiente. En algunos lugares esto es un leit motiv ridículo, que, sin embargo, debe ser respondido no sólo porque revela una aguda neurosis histórica de sus proponerntes, sino porque ya es tiempo de decirle a la gente que la orfandad de propuestas no puede refugiarse en el exorcismo a fantasmas de hace medio milenio.

No voy a referirme al peculiar detalle de que en este país, la naciente república peruana tenía más de un 70% de indios, según unos y otros censos, prueba demográfica de que el tal genocidio no existió. Transfiero aquí la opinión de un viajero francés que en 1882, habiendo encontrado por lo meno un 57% de indios, decía que tal detalle dice bien de los españoles que hicieron señorío en estos valles. Tampoco seré apresurado juzgando a la Iglesia Católica y sus doctrineros; pues ella fue la que desarrolló la temprana lingüística y la temprana etnología andina.

Las leyes de Indias son un cuerpo jurídico digno de tomarse en cuenta y estudiarse con seriedad; pues se verá un empeño serio por hallar un cauce humano a la relación entre vencedores y vencidos. El mero hecho de que los franciscanos se metieran desde 1620 a la selva para conseguir neófitos y bautizar a cuantos pudieran revela una visión del mundo: esos hombres de la floresta eran humanos, con requisitos ontológicos para recibir las aguas de la iniciación cristiana.

Ahora los censos nacionales no consideran la variable raza, y es difícil decir qué ha estado ocurriendo con la población nacional, por lo menos desde 1940, año del inicio de los censos modernos, hasta el momento. Los indicadores para juzgar qué ocurre con los llamados indios son ahora otros.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Cashibo cacataibo

Su nombre tiene distintas escrituras; sus gentes discuten si aceptan ser llamados de una manera o de otra. Como todos los pano, los cashibo son reconocidos por su nombre totémico. Kashi significa murciélago, y bo es el sufijo pluralizador. Cashibo o kashibo significaría algo así como el pueblo de los murciélagos, como los shipibo son el pueblo de los monos y los shetebo, el de los buitres negros.

También se llaman Cacataibo, que significa los mejores, aunque las crónicas antiguas los reconocen con el primer nombre. Vivieron siempre a orillas del Aguaytía, y se les atribuía salvajismo y antropofagia. Sus conflictos con los shipibos y los conibos. En 1993 fueron censados 1666 personas en nueve comunidades ubicadas mayoritariamente en la provincia de Padre Abad, en Ucayali, aunque en esta cifra están comprendidos los que pertenecen a la comunidad nativa; no los hablantes, que se calcula que son el 60% del total de comuneros: algo menos de mil personas.

Sus problemas son muchos, entre ellos el de vivir en las rutas del narcotráfico. La pequeña ciudad de Aguaytía se sacude frecuentemente con movimientos sociales que hacen poco viable el desarrollo de grupos humanos social y culturalmente diferenciados. Sus viejos problemas de confrontación con sus vecinos, los shipibo, se pone también como factor incidental en su erosión lingüística.

Sin embargo, todavía pueden superar las barreras demográficas y vivir.

martes, 16 de diciembre de 2008

Comentario a una vieja historia de Herodoto

El viejo Herodoto de Halicarnaso narra la curiosa historia del rey Psamético, que quiso probar por medios experimentales que ellos, los egipcios, eran los primeros habitantes del mundo. Rey que era, hizo tomar dos niños pobres y de nación vulgar que todavía no sabían hablar. Los dejó al cuidado de un pastor al que dio la orden de criarlos en una cueva, darles solamente leche de cabra y no intercambiar palabra alguna con ellos. Al tiempo, los niños pronunciaron la palabra becos, que averiguada, significaba pan en lengua frigia. La conclusión de este experimento pre skinneriano probó que la lengua frigia fue la primera de la humanidad; pues por aquella época era ley de doctrina científica una suerte de principio que se podría postular de la siguiente manera: filogenia et ontogenia convertuntur: el desarrollo individual y el desarrollo social son intercambiables; son la misma cosa. Lo que le ocurra a una sociedad le ocurre a una persona.

¿Y los niños hubieran sido sordomudos? Preguntó una alumna mía de algún curso universitario de hace tiempo, cuando les conté sobre este curioso experimento. En rigor de la aplicación del método, deberían haberlos dejado morir de hambre, comentó otro alumno.

Ahora que recuerdo esa clase de universidad cuzqueña, pienso que Psamético pudo haber sido cruel; pero por lo menos era ilustrado y quería resolver un problema. Ocurre aquí que a la gente se le deja morir gratis, sin siquiera averiguar asuntos del destino humano. Mientras una persona hable una de las tantas lenguas indígenas del país, puede matársele, como lo hicieron Sendero Luminoso y el Ejército con quechuas y asháninkas, o puede dejar que se acaben, como los caracoles que ya no hallan árboles para vivir; pues los madereros están deforestando la selva.

En el Perú, Psamético hubiera sido inútil

lunes, 15 de diciembre de 2008

¿De qué muere una lengua?

Jacaru: lengua de la familia aymara que se habla en los distritos de Tupe y Cachuy, en Yauyos, Lima. Las estadísticas hasta 1993 daban algo así como mil hablantes. Intentos de censo míos en 2003, dieron no más de 750.

En algún texto o entrevista que no recuerdo, está registrada la opinión de desencanto de Rodolfo Cerrón Palomino a propósito del futuro del jacaru. El veía que esta lengua estaba en un proceso de fosilización, y no le daba mayor perspectiva de vitalidad. En otro comentario, Martha Hardman, preocupada por algunos desacuerdos sobre la escritura del jacaru, decía que cualquier error de tipo lingüístico es un clavo más en el ataúd (de esa lengua). Hace dos años, Luis Vásquez, luego de haber tropezado con un sinnúmero de intereses personales, trabas burocráticas, maestros incompetentes, desencuentros educativos e incurias gubernamentales, nos enviaba un Power Point en el que mostraba imágenes de extrema pobreza y abandono social. En sus mensajes decía que dejaba a quienquiera segur preocupándose en aquello que él había fracasado, pues el Power en cuestión era, de algún modo su constancia de auto licenciamiento de la tarea. Estaba absolutamente desencantado. Había ocurrido el sismo del 16 de agosto del 2007, y el pequeño pueblo de Tupe, refugio del jacaru, estaba casi completamente devastado, y sus habitantes se trasladaron masivamente a Lima y Cañete. Tupe se quedaba con unas trescientas personas, ancianos y algunos niños, entre escombros de piedra y adobe.

¿De qué muere una lengua? ¿Del cerco que extienden alrededor de ella los hablantes de otra, demográficamente más fuerte? El jacaru, sin embargo, sobrevivió precisamente por su insularidad, entre le quechua de Yauyos y el español de las riberas marinas. ¿Será entonces que muere por la pobreza de sus hablantes? ¿Por la inepcia burocrática? ¿Por los sacudones despiadados de la naturaleza?

¿O será que muere porque la dejamos morir?

viernes, 12 de diciembre de 2008

El ultimo huariapano

Huariapano: lengua de la familia pano, grupo etnolingüístico instalado en el tracto medio del río Ucayali, junto con el shipibo, el cashibo-cacataibo, el sharanahua, el matsés y otras lenguas similares.

Hace algunos años, Bernd Brabec, un musicólogo austriaco que decidió quedarse a vivir con una joven shipiba de Yarinacocha, me comentaba que había conocido al último hablante de huariapano. Era un anciano de Roaboya y que había olvidado ya su lengua; pero que estaba seguro que la recordaría si alguien le hablaba en ella. De esto hace mucho, y no sabemos de la vida del anciano, como yo no sé nada de mi amigo Brabec.

Los antiguos Panobo o panos fueron aludidos y descritos en la crónica franciscana y en los reportes de los viajeros del Ucayali, como Castelnau y Marcoy. Por lo menos, hasta el siglo XIX, eran un pueblo pacífico, demográficamente saludable,distribuido por y Sarayacu y Contamana . De la lengua, se tiene un léxico incompleto registrado y una gramática comparada escritos por el franciscano Manuel Navarro en 1927. En 1930, Günter Tassman ofreció algunos datos sueltos sobre esta lengua; en 1970, André Marcel D'ans reorganizo el léxico del Padre Navarro, y en 1991 Stephen Parker logró establecer la fonología de esta lengua, contando para esto con la ayuda de Arquímedes Sinuiri, el último huariapano . A los dos meses de la publicación del estudio, se supo que Sinuiri había muerto.