Estos meses, el Perú ha sufrido un conjunto de entredichos políticos debido a que, al parecer, la cantidad de gas natural que se esperaba obtener de la selva del Cuzco no era la originalmente calculada, y se ponía en riesgo la demanda interna para honrar los compromisos de cuotas de venta a México. Se planteo, entonces, la necesidad de renegociar las cuotas de gras para explotación y para consumo interno
Los negociadores del ministro Pedro Sánchez hicieron las cosas adecuadamente. Más allá de cualquier discrepancia, tanto Sánchez como su equipo son de buena calidad técnica, y por otro lado, sería reprochable que un lingüista bloguero entre a desautorizar las complicadas negociaciones de venta internacional de hidrocarburos. Lo que pretende este post es informar de algunas implicaciones del affaire del gas en la vida y el destino de las comunidades nativas afincadas en el área de exploración y explotación de gas. Solo eso.
Ahora se descubre que las reservas reales de gas superan las cifras inicialmente calculadas; de manera que se vuelve a presentar el problema de redistribuir este recurso en el mercado interno. Los cuzqueños consideran que parte del gas debe conducirse a la demanda domestica y al desarrollo industrial de la propia región. Los políticos locales han hecho cuestión de estado de esta demanda, y al parecer, puede quedar satisfecha: lo racional es que, aunque sea algo más oneroso, es bueno que parte del gas cuzqueño se queme en la industria, el desarrollo de la infraestructura y en las necesidades domésticas y comerciales locales.
Con lo que se tiene de gas en el Bajo Urubamba, el comercio con México parece estar salvado; las demandas de Lima no corren riesgos, y los sureños (cuzqueños y arequipeños principalmente) tendrán gas barato y suficiente a mediano plazo.
Pero subsisten los problemas y se presentan otros nuevos: Optimizar la extracción de gas implica redefinir las relaciones políticas con las fuerzas regionales, atender las demandas de los ambientalistas y tener claros los derechos de los pueblos indígenas que ocupan esos territorios.
Para los no versados en detalles geográficos y en los entreveros empresariales que se juegan en la región, debemos recordar que hay tres grandes empresas que operan allí: Pluspetrol, emplazada en el lote 56, Camisea, en pleno proceso de producción; Repsol Burlington, que está haciendo prospección en el lote 57, hacia el norte, en territorios que pertenecen tanto a Junín como al Cuzco, y que tiene las mayores reservas. Petrobras opera actúa en el extenso lote 58, al norte del río Picha. Pluspetrol también está trabajando sobre el corredor de Fizcarrald, entre los departamentos del Cuzco y Madre de Dios, en el lote 88.
En el corredor de Fizcarrald están tanto los amahuaca de Serjali como los nanti de Montetoni, más varios grupos itinerantes a quienes se les da el peculiar marbete de no contactados. Este corredor tiene importantes características, como las de tener ríos de poco aforo, bosques bajos, y en general, recursos pobres para sociedades nómadas extractoras. Están allí por el precio de us libertad. Los llamados aislados voluntarios no eligieron ese destino. Lo ocuparon ante la presión de los caucheros y los comerciantes.
En el lote 88, Cashiriari y San Martín Oeste están en explotación; luego se avanzará a San Martin Este y a Fizcarrald, hacia una de las nacientes del Manu, y los ambientalistas protestarán.
¿Quién se preocupará de los nanti, de los kirinieri y de los amahuaca del Serjali?
martes 8 de septiembre de 2009
Gas y politicas energéticas
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miércoles 26 de agosto de 2009
Eran felices; pero debían ser salvos.
Se llama Estela, es agrónoma, y la conocí ayer en un programa de desarrollo de economías sostenibles en Paccarectambo, al sur del Cuzco. Ahora trabaja con mujeres quechuas, pero hace algún tiempo fue contratada por una empresa extractora de hidrocarburos para un estudio del impacto del gasoducto surperuano en el Bajo Urubamba, y llegó a Tangoshiari.
Hablando de los asháninka, comentó que no hacemos esfuerzo por entenderles su sentido de vida, y los tratamos desde la unilateral medida de nuestros códigos. Contó que una vez le pidieron a un joven que les sirviera de guía y le ofrecieron, por un día de trabajo, un contrato de servicios equivalente al salario quincenal de un maestro rural. La agrónoma y su equipo querían hacerle el favor al joven amigo, y procuraron transar con él un arreglo económico favorable.
El muchacho respondió: “No, tengo que pasear”.
No es la única persona que advierte la tranquilidad con la que los habitantes de las comunidades asumen la vida que han elegido, y que nosotros la llamaos bárbara. El franciscano José Amich, un cronista del siglo XVIII, narra las peripecias de los misioneros, en más de un libro que se puede rastrear por internet. En uno de ellos describe el extraño esfuerzo de Manuel Biedma, que se llevó a un grupo de nomatsiguengas del valle del Sonomoro a las alturas de Andamarca para abrir un camino. Es difícil entender el hecho si no se conoce la geografía local. El Sonomoro está a 700 metros sobre el nivel del mar, tiene clima sub ecuatorial con una media anual de temperatura de 28 grados Celsius. La gente nunca usa mayor abrigo que una camiseta, y en las moches no es necesario usar cobertores para dormir. Ahora que lo pienso, en lengua nomatsiguenga creo que no hay una palabra que signifique hielo.
Andamarca, por su parte, a sólo dos jornadas de camino, está bajo las nieves de la cordillera, soporta frecuentes temperaturas bajo cero, y la gente nunca deja de usar ropa térmica, ni de día ni de noche. Era razonable estar confundido cuando se piensa qué impulsó a estas bunas gentes a dejar sus cálidos hogares para irse tras un franciscano para trabajar un camino de herradura capaz de permitir el paso de mulas y caballos. Sin embargo, no lo hicieron por conveniencia, sino por lealtad con el amigo; pues el camino nunca les iba a ser útil: ellos caminan a pie y jamás usaron bestias de carga y monta.
Dice Amich (Compendio histórico de los trabajos y fatigas...Cap. VI):
Para volverse a gozar con quietud y sosiego del ocio y recreo de sus antiguas conveniencias, y dejarse de padecer tantos trabajos y enfermedades: Eran los hombres anteriores al pecado original, los que no conocían la gripe, los que no habían sido castigados por Dios a ganar el pan con el sudor de su frente y comer con dolor.
Eran felices; pero debían ser salvos.
Tal vez el problema sea que los queremos obligar a transitar por el camino de nuestra búsqueda de felicidad, no la de ellos.
Hablando de los asháninka, comentó que no hacemos esfuerzo por entenderles su sentido de vida, y los tratamos desde la unilateral medida de nuestros códigos. Contó que una vez le pidieron a un joven que les sirviera de guía y le ofrecieron, por un día de trabajo, un contrato de servicios equivalente al salario quincenal de un maestro rural. La agrónoma y su equipo querían hacerle el favor al joven amigo, y procuraron transar con él un arreglo económico favorable.
El muchacho respondió: “No, tengo que pasear”.
No es la única persona que advierte la tranquilidad con la que los habitantes de las comunidades asumen la vida que han elegido, y que nosotros la llamaos bárbara. El franciscano José Amich, un cronista del siglo XVIII, narra las peripecias de los misioneros, en más de un libro que se puede rastrear por internet. En uno de ellos describe el extraño esfuerzo de Manuel Biedma, que se llevó a un grupo de nomatsiguengas del valle del Sonomoro a las alturas de Andamarca para abrir un camino. Es difícil entender el hecho si no se conoce la geografía local. El Sonomoro está a 700 metros sobre el nivel del mar, tiene clima sub ecuatorial con una media anual de temperatura de 28 grados Celsius. La gente nunca usa mayor abrigo que una camiseta, y en las moches no es necesario usar cobertores para dormir. Ahora que lo pienso, en lengua nomatsiguenga creo que no hay una palabra que signifique hielo.
Andamarca, por su parte, a sólo dos jornadas de camino, está bajo las nieves de la cordillera, soporta frecuentes temperaturas bajo cero, y la gente nunca deja de usar ropa térmica, ni de día ni de noche. Era razonable estar confundido cuando se piensa qué impulsó a estas bunas gentes a dejar sus cálidos hogares para irse tras un franciscano para trabajar un camino de herradura capaz de permitir el paso de mulas y caballos. Sin embargo, no lo hicieron por conveniencia, sino por lealtad con el amigo; pues el camino nunca les iba a ser útil: ellos caminan a pie y jamás usaron bestias de carga y monta.
Dice Amich (Compendio histórico de los trabajos y fatigas...Cap. VI):
Maravillábase el venerable padre Biedma (que como he dicho, casi siempre iba con ellos a estas faenas) de la constancia y tolerancia de aquellos bárbaros, y viendo por experiencia los grandes trabajos que pasaban, decía entre sí “No es el menor milagro de la divina providencia el disponer que estos bárbaros no nos hagan pedazos con sus flechas, para volverse a gozar con quietud y sosiego del ocio y recreo de sus antiguas conveniencias, y dejarse de padecer tantos trabajos y enfermedades.”
Para volverse a gozar con quietud y sosiego del ocio y recreo de sus antiguas conveniencias, y dejarse de padecer tantos trabajos y enfermedades: Eran los hombres anteriores al pecado original, los que no conocían la gripe, los que no habían sido castigados por Dios a ganar el pan con el sudor de su frente y comer con dolor.
Eran felices; pero debían ser salvos.
Tal vez el problema sea que los queremos obligar a transitar por el camino de nuestra búsqueda de felicidad, no la de ellos.
martes 25 de agosto de 2009
Tangoshiari II
Montañés es el Nick de alguien que llego a este blog luego de haber visto un documental del trabajo de los misioneros dominicos en el río Urubamba. No soy dominico, ni mi tarea es la pastoral. Soy especializado en etnolingüística y publico estas notas para alertar a las personas sobre las lenguas minoritarias del Perú y sus inciertos futuros. Los dominicos son mis amigos.
Montañés alude en su comentario al caso de Tangoshiari
El 19 septiembre de 1990, el franciscano Mariano Gagnon y el dominico Adolfo Torralba decidieron apoyar la evasión de toda la comunidad Tyzibokiroato, en Cutivireni, hacia las cabeceras de un río subsidiario del Picha, en el Bajo Urubamba. Movieron el aparato logístico de la Comisión Episcopal de Acción Social (CEAS) y los pequeños aviones de Alas de Esperanza.
Yuri Cahuata había sido encomendado por CEAS para apoyar a los asháninka que resistían a Sendero Luminoso, y en uno yo ir y caminar apoyando a Gagnon, se halló con un muchacho que tenía una herida supurada en la pierna. Había caído de un árbol en el cual trataba de refugiarse de un ataque de Sendero; pero pudo arrastrarse hasta un punto en el que pasó inadvertido, aunque con una fractura abierta de la tibia. Se mantuvo en silencio por algunos días, hasta que, lentamente, volvió hacia su casa quemada que la comunidad trataba de reconstruir. Pasaron los días, y Cahuata pidió una avioneta para llevarse muchacho a Lima y curarlo.
Yuri Cahuata habla quechua, no asháninka, y tuvo que acompañar al herido las horas que dura un vuelo de 300 kilómetros en una Cessna monomotor. Se aprendió cuatro frases: ¿Te duele? ¿Quieres comer? ¿Quieres beber? ¿Quieres cacar?, y esperar la respuesta: jee
En Lima los hospitales no quisieron recibir al herido, por temor el de infectarse con patógenos desconocidos. El herido olía mal a descomposición, casi a cadáver, y durante dos días tuvieron que desinfectarlo en algún local de CEAS, mientras se caminaba por ese bosque desalmado que es Lima, hasta hallar finalmente una clínica privada que, exigiendo excesivas condiciones, se animó a intervenirlo. El trabajo fue complicado y duro mucho tiempo, mientras el muchacho, que había aprendido a valorar el silencio como el precio de su vida, comenzó a aprender algunas palabras en español y las enfermeras pudieron finalmente atenderlo en sus necesidades básicas.
Se salvó. Ahora es un adulto que camina rengueando; pero puede trabajar su chacra y tiene mujer e hijos. De él hemos aprendido que el silencio es tan valioso como hablar, cuando de sobrevivir se trata. Si alguien le pregunta sobre aquello, responde muy al estilo asháninka, del hombre que debe decir lo preciso: Dolía mucho”
Una foto de alas de Esperanza, con mi hija esperando acompañarme al Bajo Urubamba para trabajar con maestros matsiguengas. Mi mujer preparaba en esos momento las mochilas, detrás de la Cessna.
Montañés alude en su comentario al caso de Tangoshiari
El 19 septiembre de 1990, el franciscano Mariano Gagnon y el dominico Adolfo Torralba decidieron apoyar la evasión de toda la comunidad Tyzibokiroato, en Cutivireni, hacia las cabeceras de un río subsidiario del Picha, en el Bajo Urubamba. Movieron el aparato logístico de la Comisión Episcopal de Acción Social (CEAS) y los pequeños aviones de Alas de Esperanza.
Yuri Cahuata había sido encomendado por CEAS para apoyar a los asháninka que resistían a Sendero Luminoso, y en uno yo ir y caminar apoyando a Gagnon, se halló con un muchacho que tenía una herida supurada en la pierna. Había caído de un árbol en el cual trataba de refugiarse de un ataque de Sendero; pero pudo arrastrarse hasta un punto en el que pasó inadvertido, aunque con una fractura abierta de la tibia. Se mantuvo en silencio por algunos días, hasta que, lentamente, volvió hacia su casa quemada que la comunidad trataba de reconstruir. Pasaron los días, y Cahuata pidió una avioneta para llevarse muchacho a Lima y curarlo.
Yuri Cahuata habla quechua, no asháninka, y tuvo que acompañar al herido las horas que dura un vuelo de 300 kilómetros en una Cessna monomotor. Se aprendió cuatro frases: ¿Te duele? ¿Quieres comer? ¿Quieres beber? ¿Quieres cacar?, y esperar la respuesta: jee
En Lima los hospitales no quisieron recibir al herido, por temor el de infectarse con patógenos desconocidos. El herido olía mal a descomposición, casi a cadáver, y durante dos días tuvieron que desinfectarlo en algún local de CEAS, mientras se caminaba por ese bosque desalmado que es Lima, hasta hallar finalmente una clínica privada que, exigiendo excesivas condiciones, se animó a intervenirlo. El trabajo fue complicado y duro mucho tiempo, mientras el muchacho, que había aprendido a valorar el silencio como el precio de su vida, comenzó a aprender algunas palabras en español y las enfermeras pudieron finalmente atenderlo en sus necesidades básicas.
Se salvó. Ahora es un adulto que camina rengueando; pero puede trabajar su chacra y tiene mujer e hijos. De él hemos aprendido que el silencio es tan valioso como hablar, cuando de sobrevivir se trata. Si alguien le pregunta sobre aquello, responde muy al estilo asháninka, del hombre que debe decir lo preciso: Dolía mucho”
Una foto de alas de Esperanza, con mi hija esperando acompañarme al Bajo Urubamba para trabajar con maestros matsiguengas. Mi mujer preparaba en esos momento las mochilas, detrás de la Cessna.
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miércoles 1 de julio de 2009
Carta a un indígena universitario sobre su situación actual
He vuelto a las viejas selvas del Urubamba por motivos laborales; al no poder llegar al río Picha, me entretuve buscando informacion aleatoria sobre el río y la gente. Y me tropecé con una carta de Ricardo Alvarez Lobo a uno de sus alumnos. Tengo poco que decir; la dejo entera a lectura:
Carta a un indígena universitario sobre su situación actual
Ricardo Álvarez Lobo O.P.
Te escribo con el fin de darte a conocer cuál es tu situación actual.
Debes explorar conmigo quién eres hoy, no guiarte sólo por lo que otros te digan. Tu descúbrete a ti mismo. Yo mismo te diré quién eres en tu situación actual. Has recibido una buena formación en tu niñez. Has terminado los estudios secundarios y se te ha ofrecido una oportunidad para seguir nuevos estudios con el fin de apoyar a tu comunidad. La misión con la comunidad decidieron que un grupo de 18 miembros de la comunidad salieran a Pucallpa a estudiar magisterio en el Instituto Lingüístico de Yarinacocha ¿Recuerdas? Cinco vuelos de avioneta. El presidente de la región daba becas de estudio a los estudiantes de Sepahua. Pero no les han admitido en el Instituto porque eran católicos. ¡Qué fracaso! No pensabas que la religión llegaba a marginarte. Increíble, pero era cierto.
Se buscó otra alternativa, ir al Instituto Superior de Pucallpa. Fuiste. Pero había la orden del Director departamental de que los nativos tenían que ir a Yarinacocha. Total que ni en Yarinacocha ni en Pucallpa los admitieron. Tu mismo has visto la marginación. Así fue. Se determinó entonces regresar a Sepahua. Fracaso, por ser católicos no pueden estudiar. Fuiste agraciado con una beca para estudiar en Lima en la Universidad de San Martín. Ingresaste. Bien estabas. Un día el profesor pidió a los alumnos identificarse. Tu dijiste: Soy de Ucayali. Se oyó una voz atrás que dijo “Narco”. Te insultaron públicamente. Nueva marginación. Otro profesor que pidió tu identificación le dijiste que eras de Ucayali. Otro dijo en voz alta: “Terruco”. Más marginación. Pero son juicios que duelen, pues a nadie gusta que le tachen de narco ni de terruco. Ahí tienes razón. Pero, a pesar de que se dice que en Lima no hay marginación y racismo, los hay.
Has estudiado en un ambiente hostil. Has demostrado tener fuerza de voluntad para superarte. Has hecho algún diploma en otras universidades y en otros centros superiores, has asistido a conferencias, talleres, seminarios sobre temas de selva. Y has podido constatar que no se conoce bien a la selva y que existe gran marginación. De todas las formas ahora estás siguiendo estudios. Ves que los temas son interesantes y que te pueden servir de mucho. Constatas que las clases son alturadas y que hay gran respeto al otro. Con fuerza de voluntad puedes llegar hasta el final.
Carta a un indígena universitario sobre su situación actual
Ricardo Álvarez Lobo O.P.
Te escribo con el fin de darte a conocer cuál es tu situación actual.
Debes explorar conmigo quién eres hoy, no guiarte sólo por lo que otros te digan. Tu descúbrete a ti mismo. Yo mismo te diré quién eres en tu situación actual. Has recibido una buena formación en tu niñez. Has terminado los estudios secundarios y se te ha ofrecido una oportunidad para seguir nuevos estudios con el fin de apoyar a tu comunidad. La misión con la comunidad decidieron que un grupo de 18 miembros de la comunidad salieran a Pucallpa a estudiar magisterio en el Instituto Lingüístico de Yarinacocha ¿Recuerdas? Cinco vuelos de avioneta. El presidente de la región daba becas de estudio a los estudiantes de Sepahua. Pero no les han admitido en el Instituto porque eran católicos. ¡Qué fracaso! No pensabas que la religión llegaba a marginarte. Increíble, pero era cierto.
Se buscó otra alternativa, ir al Instituto Superior de Pucallpa. Fuiste. Pero había la orden del Director departamental de que los nativos tenían que ir a Yarinacocha. Total que ni en Yarinacocha ni en Pucallpa los admitieron. Tu mismo has visto la marginación. Así fue. Se determinó entonces regresar a Sepahua. Fracaso, por ser católicos no pueden estudiar. Fuiste agraciado con una beca para estudiar en Lima en la Universidad de San Martín. Ingresaste. Bien estabas. Un día el profesor pidió a los alumnos identificarse. Tu dijiste: Soy de Ucayali. Se oyó una voz atrás que dijo “Narco”. Te insultaron públicamente. Nueva marginación. Otro profesor que pidió tu identificación le dijiste que eras de Ucayali. Otro dijo en voz alta: “Terruco”. Más marginación. Pero son juicios que duelen, pues a nadie gusta que le tachen de narco ni de terruco. Ahí tienes razón. Pero, a pesar de que se dice que en Lima no hay marginación y racismo, los hay.
Has estudiado en un ambiente hostil. Has demostrado tener fuerza de voluntad para superarte. Has hecho algún diploma en otras universidades y en otros centros superiores, has asistido a conferencias, talleres, seminarios sobre temas de selva. Y has podido constatar que no se conoce bien a la selva y que existe gran marginación. De todas las formas ahora estás siguiendo estudios. Ves que los temas son interesantes y que te pueden servir de mucho. Constatas que las clases son alturadas y que hay gran respeto al otro. Con fuerza de voluntad puedes llegar hasta el final.
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sábado 6 de junio de 2009
Bagua
Hemos reaccionado a destiempo. Entregados a la tarea de comprender razonablemente las implicaciones legales y económicas de los decretos legislativos puestos en cuestión por la AIDESEP, no nos hemos dado tiempo para advertir que el nivel de conflicto se acumulaba, para dar lugar a la irresponsable acción de emplear cerca de 700 policías y un número indeterminado de refuerzos del ejército, para desalojar a cerca de cuatro mil indígenas y pobladores de Bagua de la carretera que habían obstruido desde hacía algunas semanas.
El día anterior el premier Yehude Simon se había reunido con Alberto Pizango, líder de la AIDESEP, federación indígena amazónica que se alzó en huelga nacional contra un conjunto de medidas jurídicas del gobierno que afectan, efectivamente el ordenamiento constitucional del país. Todo indicaba que las soluciones o las treguas podían ya iniciarse. Sin embargo, la intervención policial-militar del gobierno demuestra el clásico proceder de manejar dobles discursos y dobles ejecuciones. Es la famosa escopeta de dos cañones: ganar tiempo en la negociación política con la dirigencia y enviar un contingente armado para presionar a las bases. Es obvio que la operación, por su tamaño y envergadura, no se hizo en pocos días, ni se resolvió como consecuencia de los pre acuerdos del día anterior.
Por lo mismo, en la balanza del cálculo de malicias, no es el proceder de Pizango, sino el del Gobierno el que merece mayor atención. Pero hay otros detalles a considerar: técnicamente, una empresa militar policial que produce más de un centenar de heridos (el hospital de Bagua colapsó por atenderlos) y acaso cuarenta muertos entre policías y pobladores, es una operación errada, y merece desaprobación tanto política, como técnica.
El otro punto es político. Algunos descerebrados como el congresista Mulder han decidido enfilar sus baterías contra Alberto Pizango resolviendo la compleja trama de las cosas en una acusación personal a un soliviantador de los ánimos de los indios. Argumento similar se empleó oportunamente contra líderes de distintos procesos sociales, sindicales y políticos, incluido el de Juan Santo Atahuallpa.
Un tercer punto es de mayor alcance. Debemos pensar que hay razones que ameritan una intención criminal en el sanguinario allanamiento de la huelga indígena, y que deberemos confiar en largos procesos judiciales por genocidio que puedan llevar a algunos de éstos irresponsables a los mismos banquillos en los que la sociedad de derecho logró sentar al señor Fujimori.
Un cuarto punto es qué hacer hoy: Debemos buscar mediadores (¿Gastón Garatea?). Los decretos en cuestión deben suspenderse por un periodo prudencial. Mientras se pronuncia el Tribunal de Garantías Constitucionales y otros entes rectores. La modernización del país (si así quiere llamársele al programa político detrás de estos hechos) no puede abonarse con sangre.
El día anterior el premier Yehude Simon se había reunido con Alberto Pizango, líder de la AIDESEP, federación indígena amazónica que se alzó en huelga nacional contra un conjunto de medidas jurídicas del gobierno que afectan, efectivamente el ordenamiento constitucional del país. Todo indicaba que las soluciones o las treguas podían ya iniciarse. Sin embargo, la intervención policial-militar del gobierno demuestra el clásico proceder de manejar dobles discursos y dobles ejecuciones. Es la famosa escopeta de dos cañones: ganar tiempo en la negociación política con la dirigencia y enviar un contingente armado para presionar a las bases. Es obvio que la operación, por su tamaño y envergadura, no se hizo en pocos días, ni se resolvió como consecuencia de los pre acuerdos del día anterior.
Por lo mismo, en la balanza del cálculo de malicias, no es el proceder de Pizango, sino el del Gobierno el que merece mayor atención. Pero hay otros detalles a considerar: técnicamente, una empresa militar policial que produce más de un centenar de heridos (el hospital de Bagua colapsó por atenderlos) y acaso cuarenta muertos entre policías y pobladores, es una operación errada, y merece desaprobación tanto política, como técnica.
El otro punto es político. Algunos descerebrados como el congresista Mulder han decidido enfilar sus baterías contra Alberto Pizango resolviendo la compleja trama de las cosas en una acusación personal a un soliviantador de los ánimos de los indios. Argumento similar se empleó oportunamente contra líderes de distintos procesos sociales, sindicales y políticos, incluido el de Juan Santo Atahuallpa.
Un tercer punto es de mayor alcance. Debemos pensar que hay razones que ameritan una intención criminal en el sanguinario allanamiento de la huelga indígena, y que deberemos confiar en largos procesos judiciales por genocidio que puedan llevar a algunos de éstos irresponsables a los mismos banquillos en los que la sociedad de derecho logró sentar al señor Fujimori.
Un cuarto punto es qué hacer hoy: Debemos buscar mediadores (¿Gastón Garatea?). Los decretos en cuestión deben suspenderse por un periodo prudencial. Mientras se pronuncia el Tribunal de Garantías Constitucionales y otros entes rectores. La modernización del país (si así quiere llamársele al programa político detrás de estos hechos) no puede abonarse con sangre.
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lunes 27 de abril de 2009
Tangoshiari

Tangoshiari es una comunidad asháninka ubicada en pleno corazón del Bajo Urubamba. Está en las cabeceras de uno de los afluentes del rio Picha. Cuando Guillermo Queirolo me envió a capacitar a sus maestros, advertí que los cartelones de matemática del aula estaban escritos de manera inadecuada para una escuela que yo la suponía matsiguenga. Al pretender corregirlos me enteré de que eran asháninkas de Cutivireni, llegados allí como refugiados de la violencia senderista desatada en la cuenca del río Ene. Los dominicos del Urubamba y los franciscanos de Satipo habían organizado un puente aéreo que se llevó a toda una comunidad a encontrar una vida más pacífica al otro lado de las montañas, donde el crimen ideológico, por suerte, no había logrado prosperar.
Aquella historia no está completamente escrita. Yuri Cahuata, que trabajaba para la Comisión Episcopal de Acción Social, tiene los recuerdos; pero no sé si alguna vez los ponga en papel. Joaquín Ferrer, el franciscano de Mazamari, está preocupado por otras urgencias en su parroquia, y Adolfo Torralba, el dominico que organizó todo esto, ya no está: su camioneta resbaló en un mal paso de las carreteras de Quillabamba y se nos fue. ¿Qué estará haciendo Guillermo Queirolo?
En la página Web del Centro Pío Aza, sólo un párrafo alude a todo este notable esfuerzo:
Tangoshiari comunidad asháninka proveniente del río Ene y trasladada a la zona en 1992 por motivos de la violencia terrorista, traslado efectuado en una de las gestas de aviación más heroicas de la historia del Vicariato (de Puerto Maldonado).
Aquel día de trabajo con la maestra de la escuela, Adolfo Torralba estaba conmigo, contándome partes del gran trasvase de la comunidad. Saludó a un anciano pacífico y me dijo que fue uno de los guerreros que sostuvo la retaguardia. Saludo luego a una muy joven madre de familia, con un recién nacido en los brazos. Comentó que aquel día ella era una de las más pequeñas, frágiles y asustadizas, que hubo que cargarla, casi arrojarla al avión que tenía poco tiempo para decolar.
En el grupo comunal había niños y adolescentes. Lacomunidad había logrado sobreviri a al insanía senderista. Una señora nos alcanzó masato.
“Kametsa, piarentsi”, agradecí al modo asháninka. Si en matsiguenga, hubiera tenido que decir “kametikya, owirókiri”.
Bebí del cuenco de la calabaza y fui feliz al ver un retazo de vida arrancado a la muerte. Allí deben estar ahora, descansando ya por la tarde, esperando el asado de yuca y pescado, cuando el sol periclita por sobre las montañas detrás de las cuales está el mundo que dejaron hace casi veinte años.
La escuela tiene treinta niños.
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sábado 25 de abril de 2009
Amahuaca
Las crónicas franciscanas y otras fuentes que van desde el siglo XVI hasta el XIX, dan por territorio amahuaca al polígono marcado en le mapa adjunto. Eran objeto de persecución y captura por pare de yines, shipibos y cónibos para darles trato de esclavos domésticos. Luego del gran hiato de información alrededor de la época del caucho, la moderna etnográfica ubica a los amahuaca en algunos puntos del noreste de Puerto Maldonado, otros al sur del Purús y un tercer núcleo en Santa Rosa de Serjali, exactamente en el istmo de Fitzcarraldo.
Al parecer, en el siglo XX los amahuaca tuvieron que ir huyendo y acomodando sus vidas en las cabeceras de los tributarios de los grandes ríos del Sur Amazónico peruano. Se hicieron no contactados, en aislamiento voluntario, como gustan llamarlos algunos científicos y activistas sociales, hasta que lograron establecer algunas colonias comunales en las que ahora hacen agricultura, extracción, caza, pesca, y tienen escuelas.
El pueblo de Sepahua fue fundado por los dominicos a mediados del siglo XX, como refugio de redimidos. Redimido significa exactamente que se compró la libertad de una persona pagándole al propietario una suma de dinero. Fue un puerto de buen llegar para algunos amahuacas, como otros yines, machiguengas y caquintes que vivían esclavizados por los vendedores de mano de obra a los colonos y comerciantes que operaban en el Bajo Urubamba. Muchos de los descendientes de los amahuaca de entonces ahora viven integrados a esos pueblos ribereños, aunque han dejado su lengua, su tradición ancestral y sus relaciones de economía extractiva con su medio.
El núcleo tradicional de amahuacas, sin embargo, puede hallarse en siete comunidades:
Shiringayoc en el distrito de Inambari, y Boca Pariamanu, en el distrito de Las Piedras, en la provincia de Tambopata, departamento de Madre de Dios
Nuevo San Martín, en el distrito de Raimondi, Sepahua y en el distrito de Sepahua, Santa Rosa en el distrito de Yurúa, y Laureano, en el distrito de Purús, todas estas en la provincia de Atalaya, departamento de Ucayali.
Santa Rosa de Serjali, en el distrito de Echarate, provincia de La Convención, departamento del Cuzco.
En total, menos de 300 personas, aunque deben sumarse algunos itinerantes en los corredores o varaderos que unen las cuencas del Yurúa, el Purús el Urubamba y el Madre de Dios. Este es un detalle de geografía de las migraciones del que nos ocuparemos después
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